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Detengamos la Autodestrucción

  • Detengamos la autodestrucción

Los adultos castigamos a nuestros cuerpos, ya sea comiendo o bebiendo en exceso, sufriendo estrés o la manía de evitar cualquier ejercicio físico, se esconden dos ideas contradictorias que generalmente nos acompañan desde la niñez: una de ellas es nuestra presunción de que somos indestructibles. La otra, que cualquier daño que infligimos a nuestros sistemas biológicos puede ser remediado más adelante, una vez que nos hayamos decidido a abandonar estar prácticas dañinas.

Para que no que no queden dudas acerca de lo erróneo del primero de estos mitos, no tiene más que pararse denudo delante del espejo.

¿Pero que hay entonces, del segundo mito? ¿Qué sucede si uno se decidiera a comer bien, hacer ejercicio, dejar los malos hábitos y tratar a su cuerpo como si fuera un templo, como decían los antiguos? ¿No sería demasiado tarde? ¿De comenzar hoy, podría revertirse el daño?

La buena y sorprendente noticia es que sí. En los últimos cinco años, los científicas han acumulado un enorme acervo de datos sobre lo que sucede cuando los holgazanes y entrados en años se deciden por un cambio de vida. Las conclusiones son alentadoras; el organismo tiene una sorprendente capacidad para regenerarse, siempre y cuando el daño no haya sido excesivo.

Los efectos de los malos hábitos, especialmente fumar, pueden seguir acosándolos durante décadas. Sin embargo, los estragos de otras nocivas costumbres pueden ser contrarrestadas, en especial los que afectan al sistema circulatorio. Las mejoras se producen cuando decidimos cambiar nuestra conducta y estilos de vida, tal vez no sea inmediato; es como frenar de golpe. Hace falta cierta distancia de frenado.


Pero, de acuerdo a los siguientes estudios, esa distancia puede ser muy corta:

  • Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association concluyó que basta con que las mujeres ingieran 230 gramos de pescado por semana para reducir la mitad del riesgo de sufrir embolias.
  • Estudios de laboratorio indican que al comer más frutas, verduras y fibra cambia la sensibilidad de la sangre a la insulina en el transcurso de dos semanas. A su vez, esto disminuye casi de inmediato el riesgo de padecer diabetes.
  • Según los científicos, el riesgo de sufrir ataques cardíacos es ligeramente superior en mujeres sedentarias de mas de 40 años, que en mujeres que han hecho ejercicio con frecuencia durante toda su vida.
  • Desde el primer día en que se deja de fumar, el nivel de monóxido de carbono en el organismo se reduce drásticamente. Al cabo de una semana, la sangre se hace menos viscosa y disminuye el riesgo de morir repentinamente a causa de un ataque cardiaco. Cuatro a cinco años más tarde, el riesgo de sufrir un infarto es casi igual que el de una persona que nunca fumó.
Por supuesto, el adoptar hábitos saludables no cura todas las enfermedades. Pero los médicos piensan que un 70% de las enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión, enfermedades cardíacas e incluso algunas formas de cáncer pueden prevenirse imponiendo algunos cambios prudentes y oportunos en nuestro modo de vida.

¿No sería maravilloso que existiera un vitamina, medicamento o dieta novedosa que pudiera protegernos?

Lamentablemente los remedios fáciles no existen. En efecto, recuperase del daño de toda una vida de malos hábitos implica aprender – y especialmente mantener – una nueva serie de conductas. Es que después de todo, cualquiera sabe que es fácil bajar 5 ó 10 kilos... una  y otra vez. Los verdaderos beneficios se obtienen al bajar de peso, y mantenerlo bajo.

Esa es la mala noticia. Aunque no tan mala, por que los investigadores han descubierto que incluso los pequeños cambios redundan en grandes beneficios. Los médicos, por ejemplo, pensaron durante años que disminuir los niveles de colesterol traía consigo un menor riesgo de sufrir algún infarto, porque era una forma de reducir los depósitos de grasa que obstruyen las arterias.

Ahora se sabe que bajar los niveles de colesterol no cambia mucho el tamaño de las bolsas de grasas, pero sí que las hace menos reactivas, lo que, a su vez, reduce la probabilidad de que se desprendan y ocasionen un ataque cardiaco. Además hasta una modesta disminución en la presión sanguínea disminuye el riesgo de que los depósitos se desprendan súbitamente y provoquen un infarto o un derrame cerebral. La cuestión no es simplemente vivir un día más, sino evitar infartos y accidentes cerebro vasculares permite mejorar nuestra calidad de vida.

Para muchos el problema reside en saber por dónde empezar. En realidad esto no importa mucho, porque en general un cambio positivo conduce a otro. Por ejemplo, ser más activo físicamente inspira a mucha gente a seguir una dieta más saludable. Haga unos pequeños cambios y verá como se transforma su estilo de vida. No será invencible, y de vez en cuando tendrá que ir a ver al doctor. Pero nunca sabrá de cuantos males se habrá liberado si no lo intenta.

COMER SALUDABLEMENTE

DEJAR DE FUMAR

ESTAR EN FORMA

CUIDAR SU PESO

BEBER POCO (O NADA) DE ALCOHOL

BUSCAR LA TRANQUILIDAD